No mola nada ser despertado a las seis de la mañana por una sirena que se acerca, se acerca, se acerca, y no pasa de largo. Tampoco el darse cuenta, una vez despierto, de que los golpes (explosiones?) que había en el sueño de turno, no se quedan el él, y son parte del mundo real. Ni, una vez asomado a la ventana, encontrarse no uno, sino hasta tres o cuatro coches de la madera, y, a pesar de la hora, incluso algún mirón curioso.
Así que urge un cambio de ventana, para hacerse una mejor idea de lo que pasa, y asegurarse de que todo va bien, que no es la primera vez que, a requerimiento de la poli, toca bajar a las tantas a controlar que el coche y su contenido no les pasa nada.
Y entonces, ya en la ventana adecuada, lucerío, fuego, humo y agua: los bomberos están tratando de apagar un furgón que arde mejor que un ninot. Después del momento-pánico, y una vez localizado el coche propio, a una distancia segura de la fogata, sólo queda disfrutar de la cremà y pensar en la cara que se le va a quedar a alguien cuando lo vea.
O resina, nueve kilos, aproximadamente, en este caso. Pero viene a ser casi lo mismo.
Es lo que tiene verse al borde del bajón e intentar evitarlo con lo más fácil: la compra más o menos compulsiva. Mala cosa cuando pasa en la ofi, y no hay posibilidad de escapada a alguna librería con cafeta integrada, así que sólo queda el omnipresente internéeeeeee, y algo tan fácil como darle a un botón. Y si has pensado en esa compra incluso en los días de normalidad y lucidez, peor aún. No hay salvación. La carne es débil. Sobre todo, si la mente no ayuda mucho.
Clic.
Se ha enviado su pago. Ya puede usted ser feliz por un rato, hasta que el bajón le llegue de verdad, a pesar de sus intentos por evitarlo. Gracias por su compra.
A pesar de todo, una vez de vuelta a la superficie, no todo es tan malo. Si me llego a gastar lo mismos en taschenes, iba a tener un grave, gravísimo problema logístico-espacial. Aunque, ahora que lo pienso, 95x60x30 (largo, ancho, alto) tampoco son ninguna tontería. Pero sí que pueden ser unas medidas bastante decentes para una mesita de salón, de esas bajas que van delante del sofá, en las que se les ponen las milnove, o las aguas de colores, a las visitas. En un salón con espacio suficiente para mis taschenes presentes y futuros.
Me gusta la idea. Trabajo en ello. Aunque igual necesite algo de ayuda.
Randy, el tipo que tiene mi pasta, y su criatura, que tendré en unas cuantas semanas
El goear, qué raro, no funciona, así que... pom-pom-pom-poom-po-pom pom-po-pom... :-D
Son aquellas que valoramos sólo cuando nos faltan, pero que no apreciamos lo suficiente en el día a día.
Yo ya me veía tan feliz pensando que había estaba recuperado una parte de estas importantes cosas que había perdido recientemente, pero no: no funciona internéeeee.... Y esta vez no he tocado en nada de nada, lo juro por Snoopy.
Así qué llamé al servicio técnico, one more time (cuya grabación, por cierto, me informa que tengo pendiente de recibir un router; router que lleva una semana en mi casa).
Tras una charla con un, esta vez bastante agradable, postventero (que no me llama Señor Alejandro en una de cada tres frases, cosa a agradecer, por muy cliente preferente que sea), un par de reseteos de router, y poco más, ya tenemos -tiene, más bien- el asunto sentenciado: - "en algún lugar se ha producido un cruce y tiene asignada una línea de un mega" :-| - "pues no ha sido posible encontrar la manera de que por lo menos navegue mientras no se soluciona" :-| :-| - "el tiempo normal en solucionar esto es de tres días laborables" :-| :-| :-O
Me están dando ganas de hacer realidad lo que en los últimos días me piden repetidamente que no haga: irme a otra compañía.
Las cartas que eme están enviando son un pequeño ejercicio de diseño minimalista bastante resultón:
Tocará volver a llamar y enterarse de qué va la cosa. Pero, esa, me parece, va a ser otra historia.
El que ríe el último, ríe mejor, dicen por ahí. Y esta vez no voy a ser yo, me temo.
Pues ayer no sabes qué me pasó. Fue el peor día de mi vida.
La manía, o el gusto, por cacharrear, y abrir, tocar, modificar, ... las cosas me ha llevado a donde estoy ahora: no funciona internéeeeeeeeeeee.
Parece que he matado a mi router con una fallida actualización del firmware. No responde, no me llama, no me escribe, no todo. Así de sencillo. Ciao, bye-bye, auf wiedersehen, sayonara, "hasta la vista, baby".
Tras intentar salvar el tipo con otro router que tenía por ahí tirado (al que me parece que también he matado) he tenido que llamar al servicio técnico. Sorpresa 1: soy cliente preferente. Sorpresa 2: contestan a la primera. Pero una batería de móvil agotada (como siempre, en el peor momento) acaba con la conversación antes de que pueda terminar de explicar el problema. Así que, ahora con el putomóvil enchufado, llamo al servicio técnico one more time.
Encienda y apague el router, acceda a la 192.168.1.1, resetee el router, acceda de nuevo a 192.168.1.1, resetee el router, resetee el router, resetee el router, ...
¿Quién anda ahí?
Y cuando la cosa ya parecía que iba a durar ad infinitum... vamos a hacer una consulta para abrir una incidencia de sustitución de router.
¿Vienes a por mí? ¿Quién te envía?
Pero esta vez la conexión no va a volver sola. Más bien va a tardar unos cuantos días.
U otra más de las malas pasadas que me juega la mente, viendo cosas donde no las hay.
Al final, nada de tías infectadas, sino filas afectadas. :-( Si es que no se puede tener la cabeza en una cosa y estar haciendo otra muy diferente.
Aunque, si de verdad hubiesen sido tías infectadas, mal lo llevaba. Con una, no da ni para una mala de zombies, ni para una buena porno, por muy buena que sea la idea. ;-)
O caña, todo depende de lo que pida el cuerpo. Ayer tocó café, con leche, grande. Y explayarme y extenderme por toda la mesa, como suelo hacer cuando estoy solo. Aunque sin portátil ni cámara, que suelen ser habituales, el bulto era menor, me sentí menos gadgetofriki, pero no se me quitó la sensación de raras somos todas que he tenido en muchas otras ocasiones. Sobre todo, estando sentado -cual puta del Barrio Rojo (¿se puede decir puta en este blog?)- al lado del ventanal-a-toda-pared de la cafetería, sintiéndome más observado que observador. No creo que hay mucha gente que entienda cómo se puede estar en una cafetería, solo, Tomándose un café, leyendo, y escuchando música, todo a la vez. Y, la verdad, es que me da igual. No creo que pudiera vivir sin todo ello, soledad, café, libros y música; aunque a veces me afecten más de lo deseado y de lo que quiera reconocer(me).
Había foto, y no música, pero ahora aquella me parece una mierda, y esta muy adecuada.
Ni siquiera a las 5:30 de la mañana te libras de que alguien, salido de no se sabe qué lugar, se acerque a tu ventanilla, interrumpiendo la conversación, que aunque trivial no necesita ser interumpida, y te suelte un
"Perdona, hombre... ¿no tendrás un eurilllo para coger el metro?"
En una esquina de la cafetería, un pequeño detalle que inmediatamente me recuerda a una pequeña gran persona, a veces lejana, pero siempre muy cercana.
Imprescindible hacer una foto. Malísima, es cierto, aunque espero que cumpla su función.....
Levantarse de mala gana, demasiado temprano, y sin haber recuperado el sueño perdido no mucho antes. Encontrarse con que ya hay gente contra el paredón. Tener los pies helados, por haber salido con los no-blancos. Del otro lado de la calle, una cafetería con nombre propio,el más indicado para la ocasión. Liv Kristine me susurra al oído, temerosa de una batería que amenaza con agotarse en el momento menos indicado. Por un día, querer llegar a la ofi cuanto antes... y beberme toda la jarra de café calentito. Ver amanecer entre edificios, de lo más romántico. Entrar rápidamente, escapando del frío. "Delante de Ud. hay 016 personas." "Delante de Ud. hay 000 personas." Hora de tomarse un café, en la cafetería con el nombre más apropiado para la ocasión, rápido-rápido, no sea que se pase el número y pierda el turno. De vuelta al calorcito. Liv Kristine me sigue susurrando con el mismo miedo. La parejita sentada enfrente se queda dormida apoyados entre sí. D017. ¡Mi turno! Recibo un mensaje, justo cuando estoy pasando por delante del cartel "Prohibido móviles". El índice de mi mano izquierda está ’fatal’, dice la chica. He visto conexiones más rápidas, incluso en clientes de mi empresa. La funcionaria se marcha. Mmmm, que bonita barra de progreso, que apenas se mueve. La funcionaria vuelve, oh, sorpresa, con mi pasaporte. De puro aburrimiento, la barra de progreso acaba por irse. DNI también listo. Ya soy un ciudadano documentado. Ya tengo mi documento de identidad con foto.
Qué bien sienta retomar una amistad abandonada por más tiempo del necesario, y no notar para nada que pueden haber pasado meses desde el último encuentro.
Un beso.
Debe ser cierto que tengo mucha paciencia: hoy me lo han vuelto a decir. Pero no como una virtud.
Hoy me he llevado una alegría cuando, después de creer durante mucho tiempo en su total extinción, mi café llegó acompañado de terrones, y no de sobres, de azúcar.
Mi contacto en la zona me ha informado de que es lo más normal, que lo raro es que no sea así.
El centro del Universo es sin duda un maravilloso lugar llamado Fraggle Rock, llamado así por tratarse de una cueva excavada en la roca, y vivir en ella los Fraggle.
Los Fraggle son una raza noble, valiente, inteligente y orgullosa. Representan la cima de la civilización y de la cultura. Un Fraggle es con toda seguridad la mejor de todas las criaturas posibles.
Es que hoy no me entra SitC.
Igual tengo que consultárselo a la que todo lo sabe: la Montaña de Basura.
Ya hacía tiempo que nos rondaba, más o menos desde el verano, que empiezan a florecer los cartelitos de "hay lotería". Hemos pasado por el período de acecho, a eso de principios-mediados de noviembre, cuando empiezan a aparecer las luces cantosas en las fachadas de los centros comerciales y los escaparates de las tiendas más chic. Hoy he sido consciente de que ya estamos en la etapa de acoso: he visto mi primer gordo de rojo colgando de una fachada. Y todavía falta la fase de derribo, a principios del mes que viene, con la iluminación municipal y los villancicosdemierda a todas horas.
¿Se nota mucho que no me gusta la putanavidad?
Esta tarde me he olvidado la mochi de la cámara en la ofi, así que no tengo foto del gordo cabrón, pero tengo un temilla muy chulo y apropiado:
Yo pensaba que siempre eran repulsivos, repugnantes y repelentes, y resulta que no. Más bien todo lo contrario: afables, agradables y amigables.
Y con un punto de humor... negro, muy negro, como debe ser.
Cementerio de Vyšehrad, Praga Agosto, 2007
Me va a dar pena despedirme de ellos cuando llegue el momento. Momento ya muy cercano, ahora que no tengo excusas para alargar su visita. Una lástima, pero no han venido para quedarse conmigo.
Misfits - Night of the living dead
Gracias a la peque por el trabajo realizado en la foto. Y ya van... ¡Prometo aprender, algún día. :-D Beso, niña.
En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.
Me ha vuelto a pasar. Teniendo que elegir uno entre los cienes de cedeses que no he escuchado en lustros, ha caído en mis manos el trabajo de una de las chicas malas que se coló en vida hará unos diez, once, o incluso doce años.
Y me ha dado motivo para recordar a mis chicas malas. Por aquel entonces Alanis Morissette, Meredith Brooks, Lisa Loeb, Natalie Imbruglia o Anouk, entraban en mi vida, a la vez que otras chicas. Estas, quizá no tan malas, y con nombres bastante más vulgares.
Durante estos años, a mis chicas malas les ha pasado de todo. Las hay que han desaparecido sin dejar rastro, las que todavía suenan de vez en cuando en esta o aquella emisora, o las que sólo aparecen en recopilatorios de éxitos del pasado. Las que recupero de vez en cuando, con el mismo placer que siempre. Y también las que he dejado de escuchar por aburrimiento, dejadez, o no encontrar el momento adecuado o las ganas para rescatarlas de la pila de discos.
Afortunadamente, no todo son bajas, abandonos y descartes. De vez en cuando, cambiando de emisora, a veces sólo "por probar", se descubre a otra chica mala, totalmente desconocida, pero con cualidades suficientes como para colocarse en lo más alto de la lista de éxitos, sin que parezca que vaya a abandonar el puesto en mucho tiempo. Una de esas que no tarda en instalarse en tu iPod, e invade tu coche con su música y tu cabeza con sus letras. Una de esas que pueden estar sonando toda una tarde, o un finde, o... y nunca aburren. De las que sonaría a todas horas en tu casa, y formaría parte del equipaje sonoro en un viaje.
A todas ellas, mis chicas malas, un beso.
Uno de los mejores himnos a la chica mala, por uno de los mejores grupos de chicos malos.